empezando...

3.10.2010

 

Soltó el cesto de ropa sobre la piedra mojada. A diferencia de los días lluviosos en los que ni las más atrevidas se acercaban a lavar, hoy el dia había amanecido claro y suave atrayendo como moscas a las mujeres ávidas de noticias nuevas, más que de otra cosa.
Pero no noticias, como ellas las llamaban, de lejos, sino de la misma aldea. Todo el mundo cuenta que en tiempos de sus tatarabuelos, la tierra se movió dividiendo la aldea en dos, elevando una de las partes varios metros sobre la otra. Pero a diferencia de lo que hubiesen hecho en otro sitio, siguieron viviendo donde mismo habían estado sus casas. Y a diferencia de unirse por la tragedia, ésta los dividió también en dos. Debe ser innato a la raza humana el intentar sacar razones de donde no las hay para creerse superiores a los demás.
Desde entonces habían vivido como dos aldeas diferentes dividiendo todo lo que hasta entonces era común. Y bien fuese porque se quedó a medio camino entre las dos o por las interminables disputas sobre desviar un poco el río y que si luego vuestra agua va para el nuestro sucia ya, que lo único que había sobrevivido como sitio común era el lavadero.

Y allí se reunían las mujeres de ambas aldeas para hablar. Estaban las que hablaban con cierto recelo y las que contaban cosas como un intercambio de información vital para subsistir. Aunque luego todas en sus respectivas aldeas rajaban de las de la otra.

Aquella mañana se podría contar como de las que te pierdes y te excluyen porque no te enteras de nada, tanto como si te enteras a la hora de comer o de camino al huerto. El no haber estado alli será recordado durante semanas, convirtiendo en tema de cotilleo el por qué no estabas allí.

Como cada mañana, Mia fue a lavar, aunque a diferencia de otras mañanas hoy iba un poco más retraída y con la mirada baja sabiéndose centro de muchos de los corrillos que se iba a encontrar.
A ella nadie le decía nada a la cara, pero sí despertaba sentimientos de pena entre las otras mujeres. Nunca había entendido por qué y más aún cuando muchas de aquellas se acercaban sigilosas de noche a tocar en alguna ventana de la casa de su madre.

3 nevecos:

Irene Adler dijo...

Zocueeecaaaa!!! Zocueeecaaa!!! La gente la mira porque saben cuál es su verdadero nombreee!!!

Cuándo lo vas a terminar, cacho petarda??

Unknown dijo...

We all missed your expired yoghurts!!

Irene Adler dijo...

actualiza... :S